Cáncer por Benceno

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Diagnostico del cancer de Benceno

Puesto que la leucemia mieloide aguda se caracteriza por su rápida evolución lo habitual es que el diagnóstico venga precedido por una manifestación concreta de los síntomas que suelen caracterizar esta enfermedad.

Un primer diagnóstico de este tipo concreto de leucemia lo puede dar un análisis de sangre, ya que a través de él se puede determinar si hay anomalías consistentes en un exceso de glóbulos blancos, disminución esporádica de plaquetas e incluso de glóbulos rojos. Sin embargo un diagnóstico definitivo requerirá que se realicen otras pruebas más exhaustivas para obtener muestras de la médula ósea, lo que se hace mediante un aspirado o una biopsia.

El aspirado de la médula ósea es un procedimiento clínico en el que con la ayuda de una aguja delgada y hueca se drena o aspira con una jeringuilla una pequeña cantidad de médula ósea. Lo habitual es que tras el aspirado de la médula se haga una biopsia de este órgano, mediante la cual y con la ayuda de una aguja más grande se extrae un pequeño trozo de hueso y de médula. El proceso es doloroso y se hace bajo anestesia local, dado que es de corta duración se hace de manera ambulatoria sin que, por lo general, el paciente permanezca ingresado.

Practicar una punción lumbar no es algo habitual, pero ya que la leucemia se puede propagar al espacio que rodea el cerebro y la médula espinal, en ocasiones los médicos pueden solicitar que se extraiga una muestra del líquido que allí se halla (el líquido cefalorraquídeo), lo que se hace mediante una punción. Habitualmente esta prueba diagnóstica no se realiza más que cuando hay sospecha de que las células leucémicas se hayan propagado al sistema nervioso central.

Una vez se han practicado las anteriores pruebas de diagnóstico (análisis, biopsia, aspirado o punción lumbar) las muestras obtenidas son estudiadas en el laboratorio, pudiéndose utilizar las siguientes pruebas:

  1. Recuento sanguíneo completo
  2. Análisis microscópico
  3. Citoquímica mediante la que se coloran las células con tintes especiales de manera que ayuda a distinguir el tipo de leucemia que se padece
  4. Citometría de flujo, mediante la que se buscan ciertas sustancias en las superficies de las células de manera que éstas se pueden clasificar según el tipo al que pertenezcan
  5. Inmunohistoquímica mediante la que las células se tratan con distintos anticuerpos especiales que hacen que cambien de color según el tipo de célula.
  6. Citogenética, mediante la que se estudian los cromosomas, ya que en algunas ocasiones las células de los pacientes con leucemia mieloide aguda han sufrido una alteración cromosómica.
  7. Hibridización in situ con fluroescencia (FISH), se trata de una técnica que utiliza tintes fluorescentes para identificar alteraciones moleculares secundarias a cambios cromosómicos
  8. Reacción en cadena de la polimerasa (PCR) que es una prueba de ADN muy sensible pues detecta modificaciones en los genes con una mínima muestra.

Además de las pruebas a realizar en el laboratorio existen otras pruebas de diagnóstico que ayudarán a determinar la clase de leucemia que se padece. Nos referimos principalmente a las técnicas radiológicas de imágen, que aunque tienen un valor limitado pues la leucemia es un “tumor líquido” que por lo general no forma crecimientos sólidos visibles (masas ocupantes de espacio), pueden ayudar a determinar si hay infecciones o a determinar el grado de evolución de la enfermedad si es que se piensa que esta se ha extendido más allá de la médula ósea.

Estas pruebas, pueden incluir que al paciente se le realicen: radiografías, una tomografía computarizada (TAC),  un estudio PET o PET/TAC, una resonancia magnética, una ecografía, una  gammagrafía con galio o una gammagrafía ósea.